Trama Productiva

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Trump y la caída del sueño americano.

La crisis de las promesas del mercado y el regreso de la política.   Si algo distingue estas elecciones es la irrupción de liderazgos que se apartan del perfil tradicional de la política estadounidense. Una mujer latina en Texas, un docente convertido en senador y un médico musulmán hijo de inmigrantes egipcios se transformaron en algunos de los símbolos más potentes de la derrota del trumpismo y del malestar frente a un modelo económico que muchos perciben cada vez más concentrado, elitista y excluyente. Gina Hinojosa hizo historia al convertirse en la primera gobernadora latina de Texas y la primera demócrata en alcanzar ese cargo en más de tres décadas. Su victoria quebró uno de los bastiones históricos del Partido Republicano y estuvo acompañada por un discurso centrado en las familias trabajadoras, la educación pública y la crítica a los privilegios de las grandes corporaciones. James Talarico, exdocente de escuela media y referente religioso progresista, se convirtió en el primer demócrata elegido senador por Texas desde 1988. Con una campaña enfocada en el costo de vida, la educación y las preocupaciones cotidianas de las clases medias y trabajadoras, logró construir una mayoría en un territorio que durante décadas había sido identificado con el conservadurismo republicano. Su triunfo demuestra que perfiles alejados de las élites tradicionales todavía pueden construir representación política a partir de una agenda vinculada a las condiciones materiales de vida. Abdul El-Sayed, médico de salud pública e hijo de inmigrantes egipcios, se convirtió en el primer musulmán elegido para el Senado de Estados Unidos. Su victoria representa un hito para las comunidades árabes y musulmanas y evidencia la creciente diversidad de la representación política norteamericana en un contexto atravesado por debates sobre inmigración, identidad y participación democrática. Junto con otros triunfos de mujeres, representantes afroamericanos, latinos y miembros de minorías históricamente subrepresentadas, estas victorias sugieren una ampliación de los sujetos políticos que acceden a espacios de poder y muestran que sectores tradicionalmente relegados buscan construir nuevas formas de representación. Cuadro extraído de: Datos y resultados de Associated Press Cuadro extraído de: Datos y resultados de Associated Press Cuadro extraído de: Datos y resultados de Associated Press   El malestar que alimenta Trump. La derrota de Trump no expresa solamente el desgaste de un liderazgo. Refleja una crisis más profunda de las promesas del capitalismo contemporáneo. En un contexto de creciente concentración de la riqueza y debilitamiento de las expectativas de progreso, amplios sectores sociales buscaron representación en dirigentes que se presentan fuera de las élites tradicionales: una mujer latina, un docente, un médico hijo de inmigrantes. Diversos análisis señalaron que sectores amplios de la población manifestaron descontento por: el aumento del costo de vida, las políticas arancelarias y comerciales que no mejoraron las condiciones materiales de la mayoría, la percepción de corrupción y privilegios, y la creciente concentración de riqueza. Aquí vuelve a aparecer la perdida de expectativa de progreso, una contradicción central de nuestro tiempo. Durante décadas se sostuvo que la mano invisible del mercado y la liberalización económica generaría prosperidad para todos. Sin embargo, muchos ciudadanos perciben que los beneficios del crecimiento quedaron cada vez más concentrados en grupos reducidos, grandes corporaciones y sectores financieros. La promesa meritocrática empieza a perder credibilidad cuando trabajar, estudiar o emprender ya no garantizan movilidad social. Buena parte de los liderazgos de derecha, entre ellos Trump, continúan apelando a una idea de ascenso social basada casi exclusivamente en las capacidades del mercado para distribuir oportunidades. Sin embargo, ese relato entra en tensión con una realidad marcada por el aumento del costo de vida, las dificultades para acceder a la vivienda, la precarización laboral y el deterioro de servicios esenciales. Cuando la experiencia cotidiana contradice las promesas de prosperidad, la confianza en esos discursos comienza a erosionarse. En ese contexto, los electores no solo evalúan propuestas económicas. También buscan dirigentes capaces de comprender y representar sus preocupaciones concretas. La política recupera fuerza cuando logra hablar de aquello que afecta la vida diaria: los salarios que pierden poder adquisitivo, los servicios públicos que no funcionan adecuadamente, las dificultades para llegar a fin de mes o la incertidumbre sobre el futuro. Los liderazgos que logran conectar con esas experiencias suelen construir una legitimidad que el poder económico, por sí solo, no puede comprar.   Cuando la política desafía al poder económico Un elemento particularmente interesante de estos resultados es que varios de los candidatos vencedores gastaron menos dinero que sus adversarios o enfrentaron campañas respaldadas por grandes fortunas. La victoria de Hinojosa en Texas, por ejemplo, se produjo pese a que el aparato republicano contó con enormes recursos económicos y apoyo de figuras empresariales influyentes como Elon Musk.   El dinero conserva una enorme capacidad de influencia, pero no alcanza por sí solo para construir legitimidad política. Las victorias de Gina Hinojosa, James Talarico y Abdul El-Sayed muestran que, cuando existe organización, militancia, participación comunitaria y capacidad para interpretar las demandas sociales, es posible disputar el poder incluso frente a estructuras respaldadas por grandes fortunas e intereses económicos concentrados. En tiempos en los que suele afirmarse que los mercados deciden más que los ciudadanos, estas elecciones sugieren algo distinto: la política sigue siendo una herramienta capaz de modificar relaciones de poder, ampliar la representación democrática y desafiar aquello que parecía inevitable. Esto reabre una vieja discusión: el dinero influye, pero no determina completamente la política. Cuando existe organización social, militancia territorial, participación comunitaria y construcción de sentido colectivo, pueden emerger proyectos capaces de disputar el poder económico. En ese sentido, la elección nos deja una reflexión profunda: las transformaciones políticas suelen comenzar cuando grupos que parecían marginales o sin posibilidades logran convertir demandas sociales dispersas en una identidad colectiva. Mujeres, jóvenes, docentes, minorías étnicas y religiosas, trabajadores precarizados o sectores medios empobrecidos encuentran representación política y modifican el escenario. La derrota de Trump no expresa solamente el desgaste de un liderazgo. Refleja una crisis más profunda de las promesas del capitalismo contemporáneo. En un contexto de creciente concentración de la riqueza y

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La educación ante la crisis de las expectativas, expresión de una tendencia global.

La preocupación por la falta de docentes que destaca la OCDE también encuentra correlatos en Argentina. Si bien el país no presenta una escasez generalizada en todos los niveles y áreas disciplinares, diversos estudios y relevamientos coinciden en señalar dificultades crecientes para atraer y retener profesores, especialmente en la educación secundaria y en campos específicos como Matemática, Física, Química e Inglés. Según el capítulo dedicado a Argentina en Education at a Glance 2026, las instituciones públicas de educación secundaria registraron un déficit equivalente al 1,7 % de los cargos docentes al inicio del ciclo lectivo, evidenciando dificultades para cubrir vacantes en áreas estratégicas de la enseñanza. Desde el campo académico argentino, investigaciones registradas en el CONICET destacan que los bajos salarios, las condiciones laborales precarias y la disminución del reconocimiento social de la profesión constituyen factores centrales que afectan el atractivo de la carrera docente y dificultan el ingreso de nuevos profesionales al sistema educativo. La situación también se observa en la educación superior. Un informe de la Universidad Nacional de Quilmes señala que el sistema universitario argentino cuenta con aproximadamente 220.000 cargos docentes y advierte que la pérdida del poder adquisitivo de los salarios universitarios impacta directamente sobre la disponibilidad y permanencia de profesores e investigadores. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, los salarios docentes universitarios acumularon una caída real superior al 33 %. En este sentido, la experiencia argentina permite observar cómo las dificultades de reclutamiento y retención docente señaladas por la OCDE se combinan con procesos locales de deterioro salarial, pluriempleo y renuncias, configurando un escenario que pone en tensión la capacidad de los sistemas educativos para garantizar una educación de calidad y sostener la renovación generacional de sus cuadros docentes. Lejos de constituir una problemática exclusiva de los países desarrollados, la escasez docente se ha convertido en una preocupación transversal que también atraviesa a la Argentina. Los desafíos para atraer, formar y retener profesionales de la enseñanza revelan tensiones estructurales vinculadas con las condiciones laborales, el reconocimiento social de la profesión y las transformaciones del mercado de trabajo. En el caso argentino, distintos estudios han señalado que los bajos salarios, la precarización laboral y la pérdida de prestigio social de la docencia afectan la capacidad del sistema educativo para incorporar y sostener nuevos profesionales (Expósito, 2023), mientras que los análisis recientes sobre el sistema universitario advierten sobre los efectos del deterioro salarial en la permanencia de docentes e investigadores (Universidad Nacional de Quilmes, 2026). Estas tendencias convergen con las preocupaciones planteadas por la OCDE respecto de las dificultades crecientes para atraer y retener personal docente calificado (OECD, 2026). Producción propia en base a datos de OECD (2026), Education at a Glance 2026. Figuras clave según OCDE 9.1% de los profesores de primaria y secundaria en los países de la OCDE no están plenamente cualificados 6.4% de todos los profesores de primaria y secundaria plenamente cualificados en los países de la OCDE abandonaron la profesión durante el curso escolar 2024/25 8.4% de todos los profesores de educación secundaria inferior en los países de la OCDE son profesores de segunda carrera   Escasez docente y crisis de las expectativas de movilidad social. Los datos presentados por la OCDE revelan una tensión creciente entre los sistemas educativos y las transformaciones del mercado laboral. Mientras aumenta la proporción de jóvenes con estudios superiores, comienzan a observarse señales de debilitamiento en la capacidad del mercado para absorber credenciales educativas cada vez más extendidas. Entre 2023 y 2025, el desempleo entre jóvenes de 25 a 34 años con educación superior aumentó en promedio en los países de la OCDE, un fenómeno que invita a reflexionar sobre la relación entre formación, empleo y desarrollo económico (OECD, 2026). En Argentina, los desafíos señalados por la OCDE se desarrollan en un contexto marcado por las políticas impulsadas por el gobierno de Javier Milei. Los recortes en educación, ciencia y universidades públicas han sido objeto de preocupación por parte de rectores, investigadores y organizaciones académicas, que advierten sobre sus efectos en la capacidad del Estado para formar recursos humanos calificados y sostener la producción de conocimiento. La caída del salario real de docentes universitarios y de investigadores, junto con la reducción de recursos destinados al sistema científico y educativo, tiende a debilitar el atractivo de profesiones consideradas estratégicas para el desarrollo nacional. Desde esta perspectiva, la escasez de docentes no puede interpretarse únicamente como un problema educativo, sino como una consecuencia de transformaciones más amplias en el mercado laboral y de las orientaciones adoptadas por las políticas públicas. Cuando el Estado reduce su intervención en materia educativa, científica y de empleo, las dificultades para atraer y retener profesionales calificados suelen intensificarse, particularmente en sectores cuyos incentivos económicos dependen en gran medida de la inversión pública. Diversos sectores académicos sostienen que la actual orientación gubernamental, basada en la reducción del gasto público y en una menor participación estatal en la regulación económica y social, implica una redefinición del vínculo entre educación, trabajo y movilidad social. Desde esta mirada crítica, el debilitamiento de las políticas educativas y científicas compromete la capacidad de la educación para actuar como mecanismo de igualdad y de ampliación de oportunidades, profundizando desigualdades preexistentes. En este marco, la advertencia de la OCDE sobre el debilitamiento de la relación entre educación superior y empleo adquiere una relevancia particular para Argentina. La combinación de ajuste fiscal, deterioro salarial y retracción de las políticas públicas de educación, ciencia y tecnología amenaza con erosionar una de las principales promesas de las sociedades modernas: la idea de que una mayor formación constituye un camino hacia mejores condiciones de vida. Cuando el esfuerzo educativo deja de traducirse en perspectivas materiales de progreso, emerge un malestar que excede a las instituciones escolares y alcanza al propio horizonte de expectativas sobre el futuro (OECD, 2026).   Referencias bibliográficas OCDE OECD. (2026). Education at a glance 2026. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/3bce4131-en CONICET Expósito, C. D. (2023). Desafíos y perspectivas de la profesión docente en Argentina: Desprestigio social, bajos salarios y sistemas de incentivos. Revista

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Nancy Godoy: la maestra que se comprometía con la vida de las/os alumnas/os.

Comprendía sus dificultades y transformaba la escuela en un refugio frente a las injusticias.     La pedagoga y escritora Herminia Brumana escribió: “Denle libros a la juventud, muchos libros a la mujer, libros para las multitudes, libros para luchar, para vivir y denle a los pueblos tantos libros que nunca se cansen de saber.” El femicidio de Nancy Godoy no puede leerse como un hecho aislado ni como una tragedia individual. Ocurre en un tiempo en que las desigualdades que atraviesan la vida de las mujeres son cada vez más negadas desde los discursos públicos; en un contexto donde las políticas de género son cuestionadas, desmanteladas o presentadas como innecesarias, mientras miles de mujeres continúan sosteniendo en soledad tareas esenciales de cuidado, protección y acompañamiento comunitario. Trabajos imprescindibles para la vida colectiva, pero escasamente reconocidos, insuficientemente protegidos y muchas veces desarrollados en condiciones de extrema vulnerabilidad. Nancy Godoy era una de esas mujeres. Tenía 52 años, era docente y directora suplente de una escuela rural en el paraje El Malezal, en el departamento correntino de Esquina. El 7 de octubre envió el último mensaje a su hijo. Después de esa comunicación comenzó una incertidumbre que se prolongó durante veintiún días. Su familia, sus compañeros, la comunidad educativa y cientos de vecinos participaron de una búsqueda desesperada que recorrió caminos rurales, montes y esteros. El 28 de octubre la noticia confirmó el peor desenlace: Nancy había sido hallada muerta. El impacto atravesó a toda la sociedad, pero golpeó especialmente al mundo docente, que reconoció en su historia algo más que un crimen: el símbolo de una realidad marcada por el abandono, la desigualdad y la fragilidad en la que muchas mujeres desarrollan su trabajo cotidiano. Detrás de la noticia policial había una vida dedicada a la educación. Para comprender quién fue Nancy Godoy es necesario apartarse por un momento de los expedientes judiciales y mirar el camino que recorría cada día para llegar a la escuela, las dificultades que enfrentaba para sostener las clases, las faltas materiales con las que convivía y el compromiso con el que recibía a cada estudiante. Porque Nancy representaba a una generación de maestras rurales que, aun cuando las instituciones fallan, siguen haciendo de la escuela una presencia del Estado allí donde muchas veces no hay nada más. La escuela rural es mucho más que un edificio. Es un espacio de encuentro, de contención y de construcción comunitaria. Quienes trabajan en ella conocen cada familia, cada dificultad y cada historia personal. En contextos donde las matrículas suelen ser reducidas, la tarea docente se multiplica: enseñar, gestionar, acompañar, contener y muchas veces resolver problemas que exceden ampliamente la labor pedagógica. Las condiciones en las que Nancy desarrollaba su tarea evidenciaban las dificultades que enfrentan numerosas escuelas rurales. Los problemas edilicios, la falta de mantenimiento y la dependencia de la colaboración de las familias eran parte de una realidad que ella no ocultaba. Por el contrario, la señalaba con valentía porque entendía que defender la escuela era también defender el derecho a la educación de sus estudiantes. Cada jornada implicaba superar obstáculos. Hacer posible la llegada de los alumnos, garantizar el funcionamiento de la institución y sostener proyectos educativos en un contexto adverso requería una dedicación extraordinaria. Sin embargo, quienes conocieron a Nancy destacan que nunca perdió de vista el sentido de su tarea: educar con amor, compromiso y responsabilidad. Por eso, su muerte no constituye solamente un duelo para sus familiares, amigos y compañeros de trabajo. Es una herida profunda para toda la educación argentina. Porque docentes como Nancy son las que hoy se necesitan: maestras capaces de sostener la escuela en los territorios más olvidados, de convertir las dificultades en compromiso y de hacer de la enseñanza un acto de amor y de justicia. Su ausencia deja un vacío imposible de llenar. Pero también interpela a toda la sociedad. ¿Qué ocurre cuando una maestra debe sostener casi sola una institución educativa? ¿Qué sucede cuando las tareas de cuidado, de acompañamiento y de protección comunitaria recaen sobre mujeres cuyas propias condiciones de seguridad son ignoradas? La historia de Nancy Godoy expone las múltiples formas de abandono que atraviesan los territorios rurales: la precariedad de la infraestructura escolar, las grandes distancias, la escasez de recursos y la fragilidad de las redes institucionales destinadas a proteger a quienes trabajan en ellas. Su femicidio no sólo arrebató una vida. También dejó al descubierto una realidad que suele permanecer invisible. Allí, en los márgenes donde la escuela continúa siendo el principal espacio de encuentro comunitario, Nancy sostuvo durante años una tarea indispensable para la sociedad. Por eso su nombre trasciende el dolor de una pérdida individual. Nancy Godoy representa a las miles de docentes que cada día recorren caminos difíciles para garantizar un derecho fundamental. Y su ausencia constituye una herida profunda para la educación argentina, porque maestras como ella no sólo enseñan: construyen comunidad, protegen a las infancias y mantienen viva la promesa de una escuela pública capaz de llegar donde tantas otras presencias del Estado faltan.    

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Escasez docente, renovación generacional y mercado de trabajo: tendencias y desafíos en los países de la OCDE.

    “Siempre es lenta la marcha de las ideas nuevas. Hay siempre lucha hasta que el público las acepta…” Rosario Vera Peñaloza Fuente: OECD (2026:28-33), Education at a Glance 2026: OECD Indicators, OECD Publishing, París. Disponible en: https://doi.org/10.1787/b4968bbc-en La escasez de docentes observada en numerosos sistemas educativos no puede analizarse de manera aislada, sino en el marco de las tensiones que atraviesan actualmente los mercados de trabajo de los países de la OCDE. Luego de la pandemia de COVID-19, la recuperación de la actividad económica generó una fuerte demanda de trabajadores en diversos sectores, incrementando las dificultades de contratación y profundizando la competencia por perfiles calificados. Aunque en los últimos años las tasas generales de vacantes laborales tendieron a disminuir respecto de los niveles excepcionalmente elevados registrados durante la recuperación pospandemia, la dificultad para cubrir determinados puestos de trabajo continúa siendo un fenómeno extendido. La OCDE señala que esta situación responde no solo a factores coyunturales sino también a tendencias estructurales de largo plazo, entre ellas el envejecimiento poblacional, los cambios demográficos, los procesos de digitalización y las demandas asociadas a la transición ecológica. En este contexto, la profesión docente comparte con otras ocupaciones los desafíos vinculados al reclutamiento y la disponibilidad de trabajadores calificados. Sin embargo, la demanda de docentes presenta características particulares, ya que depende principalmente de la evolución de la matrícula educativa, de la dinámica demográfica y de las decisiones de política pública, mientras que la oferta potencial de profesionales continúa influida por las oportunidades disponibles en el resto del mercado laboral. Desde esta perspectiva, la comparación entre las vacantes docentes y las vacantes existentes en el conjunto de la economía resulta útil para comprender si las dificultades de contratación en educación responden a problemas específicos del sector o forman parte de una situación más amplia de escasez de trabajadores. En este contexto, la profesión docente comparte con otras ocupaciones los desafíos vinculados al reclutamiento y la disponibilidad de trabajadores calificados. Sin embargo, la docencia presenta una particularidad: mientras la demanda de docentes depende en gran medida de la evolución demográfica, la matrícula educativa y las decisiones de política pública, la oferta potencial de profesionales continúa siendo sensible a las condiciones generales del mercado laboral. La tasa general de vacantes laborales, según la definición de Eurostat, mide la proporción de todos los puestos de trabajo de la economía (ocupados y vacantes) que se encuentran vacantes en un determinado momento. La Figura 1 muestra que, en 2024, las tasas generales de vacantes laborales fueron con frecuencia similares o incluso superiores a las tasas de vacantes docentes en la educación primaria y secundaria, independientemente del método utilizado para medir estas últimas. Figura 1. Comparación entre la tasa de cargos docentes vacantes en la educación primaria y secundaria y la tasa general de vacantes laborales (2024) Azul oscuro: Tasa de vacantes docentes sin cubrir en educación primaria y secundaria. Naranja: Tasa general de vacantes laborales. Grupo 1 Escasez de docentes plenamente cualificados antes del inicio del año escolar (medición ex ante) Grupo 2 Vacantes docentes sin cubrir al inicio o poco después del comienzo del año escolar (medición ex post) Grupo 1: países que estiman la escasez docente antes del inicio del año escolar, a partir de necesidades proyectadas de contratación. Grupo 2: países que miden las vacantes docentes efectivamente no cubiertas al inicio o poco después del comienzo del año escolar. s/d: dato no disponible en la figura para la tasa general de vacantes laborales. Los datos relevados por la OCDE muestran que, en varios países, las tasas de vacantes laborales de la economía en general se ubican en niveles similares o incluso superiores a las registradas en la educación primaria y secundaria. Esta evidencia indica que las dificultades para incorporar docentes no constituyen un fenómeno exclusivamente educativo, sino que forman parte de un contexto más amplio de tensión en los mercados laborales. No obstante, algunos países presentan niveles especialmente elevados de vacantes docentes, como Luxemburgo (3,6%), Rumania (2,8%), Letonia (3,0%) y Chile (2,9%), lo que podría reflejar desafíos específicos para la atracción y retención de profesionales en el sistema educativo. Envejecimiento de la profesión docente y desafíos de renovación generacional Otro aspecto destacado por la OCDE es la composición etaria de la fuerza laboral docente. En la mayoría de los países analizados, los docentes de educación secundaria presentan una estructura de edades relativamente más envejecida que la observada tanto en el conjunto de la población ocupada como entre los trabajadores con niveles educativos equivalentes. En promedio, el 25 % de los docentes de secundaria tiene 55 años o más, frente al 19 % de los trabajadores con al menos una maestría y al 21 % de la población ocupada total. Esta diferencia es especialmente marcada en Francia, Grecia, Hungría, Lituania y Portugal, donde la proporción de docentes de secundaria de 55 años o más supera en más de 15 puntos porcentuales a la de los trabajadores ocupados con al menos una maestría. Entre los casos más destacados se encuentran: En Francia, el 23 % de los docentes de secundaria tiene 55 años o más, frente a solo el 6 % de todos los trabajadores con una maestría. En Grecia, las cifras son 40 % y 14 %, respectivamente. En Lituania, 43 % y 24 %. En Hungría, 34 % y 16 %. En Portugal, 38 % y 22 %. Estas diferencias pueden reflejar en parte la expansión de la educación superior en las últimas décadas. En muchos países, la docencia ya era una profesión relativamente altamente cualificada antes de la expansión masiva de la educación terciaria, mientras que la proporción de trabajadores con títulos de maestría ha aumentado más recientemente entre las generaciones más jóvenes (gráfico superior de la Figura 10). Al comparar a los docentes con el conjunto de la fuerza laboral (gráfico inferior de la Figura 10), en Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, los Países Bajos y Suiza, la proporción de personas de 55 años o más difiere en menos de un punto porcentual entre el sector

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Francia: las protestas estudiantiles reabren el debate sobre la situación socioeconómica

Francia atraviesa una nueva ola de movilizaciones estudiantiles que pone en discusión las condiciones de la educación pública, la disponibilidad de recursos en las escuelas y las dificultades para acceder a la universidad, pero acabaron por exceder dichas cuestiones alcanzando cuestionamientos y reclamos al gobierno de Emmanuel Macron . Los reclamos, que comenzaron con denuncias por la falta de docentes, el deterioro de las condiciones de enseñanza y la falta de regulación del Parcoursup, se extendieron hacia cuestionamientos más amplios sobre las desigualdades educativas y  reclamos respecto a la situación económica y social de los trabajadores.  También se sumaron nuevos actores como los sindicatos, agricultores, transportistas y los “chalecos amarillos”, un movimiento que se dio a conocer en 2018 por sus protestas contra la política fiscal de Macron.  Como se mencionó anteriormente, el Parcoursup es uno de los principales focos de controversia. Se trata de una plataforma nacional implementada en 2018 para gestionar las postulaciones a las carreras de educación superior. El sistema reemplazó al anterior mecanismo de admisión y estableció procedimientos de evaluación y selección a cargo de las instituciones educativas, con el objetivo de organizar las solicitudes y distribuir las vacantes disponibles. Sin embargo, desde su implementación, Parcoursup recibe críticas de organizaciones estudiantiles y sectores académicos. Entre los principales cuestionamientos se encuentran la falta de transparencia en los criterios de admisión, la escasez de vacantes en determinadas carreras y la posibilidad de que las desigualdades sociales y educativas condicionen las oportunidades de los aspirantes. Para sus detractores, el sistema no resuelve las diferencias de origen, sino que puede reproducirlas en el acceso a la universidad. El conflicto actual se inscribe, además, en un escenario de tensiones políticas y económicas en torno al financiamiento de los servicios públicos y las prioridades presupuestarias del Estado. Las movilizaciones expresan así un malestar que excede el funcionamiento de una plataforma y alcanza al modelo de educación superior y a las posibilidades de movilidad social de las nuevas generaciones. Las manifestaciones se extendieron por distintas ciudades, con enfrentamientos, incendios, comercios saqueados y una fuerte intervención policial.  En este contexto, el alcance de las reformas y la capacidad de respuesta del Estado serán determinantes para la evolución del conflicto. Fuentes:  Le Monde — Las razones del enojo estudiantil contra Parcoursup, 10 de octubre de 2026. Le Monde — El Gobierno francés anuncia medidas para responder a las protestas estudiantiles, 27 de octubre de 2026. Parcoursup — Qué es Parcoursup y cómo funciona, información oficial del Gobierno francés. Al Jazeera — Las protestas en Francia y las demandas sociales de los estudiantes, 24 de octubre de 2026 BBC News Mundo. (s. f.). De estudiantes secundarios a “chalecos amarillos”: cómo creció la protesta que sacude Francia. 

Foto: Thomas Samson / AFP, publicada por RTVE en “Las protestas estudiantiles se intensifican en Francia”, 2 de octubre de 2026.
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Se despedaza la expectativa de progreso.

El malestar europeo: una crisis simultánea con improntas nacionales. “Los hombres llegan a tal extremo en el dominio de las fuerzas de la naturaleza que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Lo saben, y de ahí buena parte de su inquietud, de su infelicidad y de su angustia.” Sigmund Freud, El malestar en la cultura (1930). Las protestas que hoy atraviesan Europa no parecen ser hechos aislados ni respuestas circunstanciales a problemas coyunturales. Son la manifestación de un malestar más profundo que se expresa de manera diferente en cada país, pero que comparte una raíz común: la creciente percepción de que el contrato social construido durante la segunda mitad del siglo XX está dejando de cumplir sus promesas. Durante décadas, amplios sectores de la sociedad europea asumieron que estudiar garantizaba mejores oportunidades, que el trabajo permitía acceder a una vivienda, que los servicios públicos funcionaban como herramientas de integración social y que cada generación viviría mejor que la anterior. Esa promesa constituyó uno de los pilares fundamentales del Estado de bienestar europeo. Sin embargo, para millones de jóvenes y trabajadores, esa certeza parece haberse desvanecido. El acceso a la vivienda se vuelve cada vez más difícil, los salarios pierden capacidad de compra frente al aumento sostenido de los costos de vida, la educación y otros servicios públicos enfrentan restricciones presupuestarias y la movilidad social ascendente deja de aparecer como una expectativa razonable. Diversos medios informan de movilizaciones en países como Francia, Italia, España, Portugal, Alemania, Grecia, Albania, entre otros; cada país tiene detonantes específicos. Lo que sí parece común es un sentimiento de frustración ante la calidad de vida y el acceso a derechos básicos. Observemos cada caso, en Francia, las protestas comenzaron con reclamos estudiantiles por la falta de docentes, el deterioro de la infraestructura escolar, la masificación de las aulas y los cuestionamientos al sistema de acceso universitario. Con el paso de las semanas, las movilizaciones incorporaron demandas más amplias vinculadas al aumento del costo de vida, la pérdida de poder adquisitivo y la percepción de deterioro de los servicios públicos. Sindicatos, trabajadores de distintos sectores e incluso grupos vinculados a anteriores ciclos de protesta social se sumaron a las manifestaciones, convirtiendo al país en uno de los principales focos de conflictividad social del continente. A su vez, en Italia, el malestar se expresó inicialmente a través de movilizaciones estudiantiles contra los recortes en educación, los bajos salarios y la falta de perspectivas para los jóvenes. Posteriormente, el movimiento incorporó reclamos por el aumento general del costo de vida, el encarecimiento de la vivienda y los combustibles. A las protestas se sumaron camioneros, agricultores y pescadores afectados por el incremento de los costos de producción y transporte. En ciudades como Milán, Turín y Bolonia se registraron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, mientras los sindicatos comenzaron a impulsar convocatorias de huelga general. En simultáneo, en España, la crisis habitacional se convirtió en el principal eje de movilización. El caso de Maricarmen Abascal, una jubilada desalojada tras una fuerte subida del alquiler, se transformó en un símbolo de una problemática más amplia vinculada a la escasez de vivienda asequible, la presión de los alquileres turísticos y el desfase entre salarios y precios inmobiliarios. Las protestas reunieron a jóvenes, familias trabajadoras, inquilinos y organizaciones sociales, extendiéndose a más de cincuenta ciudades. Con el correr de las semanas, el reclamo por la vivienda pasó a representar una crítica general al modelo de acceso a derechos básicos y al aumento del costo de vida. Concurrentemente, en Portugal, la vivienda emergió como el principal factor de conflicto social. Miles de personas se movilizaron en Lisboa, Oporto y otras ciudades para denunciar el aumento sostenido de los alquileres, los desalojos y la dificultad creciente para acceder a una vivienda digna. Las protestas también expresaron el descontento por los salarios estancados frente al incremento del costo de vida y cuestionaron las reformas impulsadas por el Gobierno en materia de alquileres. Acampadas, asambleas populares y movilizaciones masivas convirtieron la cuestión habitacional en el centro del debate político portugués. A su vez, en Grecia, las movilizaciones estuvieron impulsadas por estudiantes, docentes y trabajadores del sector público. Los reclamos combinan el encarecimiento de la vivienda, especialmente en ciudades universitarias, con denuncias sobre la falta de financiación educativa, los bajos salarios docentes y el deterioro de la infraestructura escolar. Las protestas incluyeron acampadas frente al Parlamento en Atenas y huelgas convocadas por sindicatos educativos. Detrás de los reclamos aparece una preocupación compartida por amplios sectores sociales: que la recuperación económica griega no se traduzca en una mejora efectiva de las condiciones de vida. Por su parte, en Albania, las protestas comenzaron alrededor de la oposición a un proyecto inmobiliario y turístico en zonas costeras sensibles, pero rápidamente evolucionaron hacia un cuestionamiento más amplio del gobierno de Edi Rama. Los estudiantes incorporaron demandas por la reducción de las tasas universitarias, mayor inversión educativa, mejores perspectivas laborales y denuncias de corrupción. Las movilizaciones se transformaron en uno de los mayores desafíos políticos para el gobierno albanés en los últimos años y derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y episodios de violencia urbana. Asimismo, en Alemania, el malestar social se ha expresado a través de distintos actores. Por un lado, sindicatos y trabajadores protagonizaron movilizaciones contra reformas laborales y previsionales percibidas como una amenaza al Estado de bienestar. Por otro, agricultores y sectores vinculados al transporte mantuvieron protestas contra la reducción de subsidios y medidas fiscales que consideran perjudiciales para su actividad. Aunque el contexto alemán difiere del de los países mediterráneos, también refleja una preocupación creciente por el costo de vida, la protección social y el futuro económico de amplios sectores de la población. Desde esa perspectiva, el problema no sería simplemente que “todo está más caro”, sino que se rompe la expectativa de progreso. Durante décadas, gran parte de los europeos asumió que estudiar, trabajar y esforzarse permitiría vivir mejor que la generación anterior. Cuando esa expectativa desaparece, aparece lo que

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¡¡¡Obrigado, Lula!!!

      La nueva victoria de Luiz Inácio Lula da Silva reafirma su condición de una de las figuras políticas más influyentes de nuestro tiempo. Su historia parece escrita por la lucha: la del niño que conoció la vulnerabilidad, el obrero de una fábrica, el sindicalista que desafió a una dictadura, el presidente encarcelado y el dirigente que, después de enfrentar acusaciones y condenas, logro visibilizar su camino de regreso a condiciones de vida digna para los brasileños. Ayer, con el 51,7% de los votos, Lula volvió a imponerse. Frente al 48,2% obtenido por su rival, Flávio Bolsonaro, referente de la ultraderecha brasileña, demostró que su mayor fortaleza no radica solamente en su experiencia política, sino en una capacidad poco frecuente: conservar, después de décadas en el poder, la memoria emocional de aquel niño del nordeste brasileño. La misma realidad que lo atravesó durante la infancia fue la que, décadas más tarde, volvió a llevarlo a la presidencia. Porque, en definitiva, toda su trayectoria parece estar atravesada por una convicción inalterable: que la política tiene sentido cuando es capaz de garantizar que quienes nacen con menos oportunidades puedan acceder, a una vida mejor. Lula nació en octubre de 1945 en Pernambuco, uno de los estados más vulnerables del nordeste brasileño. Fue el séptimo de ocho hijos de una familia de agricultores. De niño trabajó, dejó la escuela a los 14 años y antes de los 20 ya era tornero mecánico. Esa experiencia temprana de privaciones, trabajo y supervivencia no fue un capítulo pasajero de su vida: se convirtió en la base de su identidad política. Quizás allí resida una de las claves de su vigencia. Pocas personas llegan a conocer de manera tan profunda las realidades más crudas, más tristes y desgarradoras que atraviesan millones de personas. Lula no se aproximó a la pobreza desde los libros ni desde las estadísticas. La vivió. Conoció el hambre, la incertidumbre y la necesidad de construir estrategias de supervivencia para seguir adelante. Esos aprendizajes forjaron una sensibilidad singular para comprender a quienes más necesitan. Esa misma sensibilidad lo llevó a protagonizar una campaña basada en una idea simple pero poderosa: el derecho de todos a acceder a una vida mejor. Mientras otros discursos se concentraban en indicadores económicos o disputas ideológicas, Lula volvió a bajar a la realidad cotidiana de los brasileños que luchan todos los días por comer, conseguir trabajo, alimentar a sus hijos, acceder a la escuela o recuperar expectativas de futuro. Su trayectoria política fue extraordinaria. Como líder sindical metalúrgico fundó el Partido de los Trabajadores, se convirtió en presidente de Brasil en 2003 y desarrolló programas sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza y redujeron significativamente el hambre y la desigualdad. Reconocido por universidades de todo el mundo, también atravesó momentos de profunda adversidad, incluida una condena judicial que lo llevó a la prisión y que posteriormente fue anulada. Sin embargo, ni la cárcel, ni el desgaste del poder, ni los intentos por dar por terminada su carrera política lograron borrar el vínculo construido con los sectores populares. Volvió al poder en 2022, frente a Jair Bolsonaro, obtuvo 50,9 % de los votos válidos contra 49,1 %, y coronó su “resurrección política”, y una vez más logró sostener un fuerte respaldo entre quienes ven en él a alguien capaz de comprender sus necesidades porque las experimentó en carne propia. Sin embargo, la importancia de este triunfo trasciende la figura individual de Lula. Su victoria vuelve a poner en el centro del debate el papel de aquellos líderes latinoamericanos que, más allá de las coyunturas políticas, continúan despertando esperanza en amplios sectores populares. Son dirigentes que encarnan la lucha por mayores niveles de igualdad, justicia social y dignidad para quienes históricamente han quedado relegados de los beneficios del poder económico. En un contexto global marcado por el aumento del costo de vida, la precarización de las condiciones de existencia y una creciente incertidumbre sobre el futuro, las demandas por una distribución más equitativa de la riqueza vuelven a cobrar fuerza. A pesar de las conquistas políticas y sociales alcanzadas durante décadas de lucha, millones de personas siguen viendo vulnerados derechos fundamentales. Las distintas generaciones de derechos reconocidas en constituciones, tratados y marcos jurídicos resultan insuficientes cuando se enfrentan a dinámicas económicas globales que concentran cada vez más riqueza en pocas manos y distribuyen cada vez menos entre las grandes mayorías. La brecha entre los sectores más concentrados del poder económico y el resto de la sociedad continúa ampliándose. La desigualdad, lejos de retroceder, se ha convertido en una de las principales preocupaciones de nuestro tiempo. En ese escenario, el respaldo popular a Lula expresa algo más profundo que una preferencia electoral: representa la persistencia de una aspiración colectiva por sociedades más justas, con oportunidades reales de movilidad social y con Estados capaces de garantizar derechos. Por eso, el triunfo de Lula puede leerse también como una señal política y cultural. Una señal de que, aun en tiempos de desencanto, individualismo y concentración económica, millones de personas siguen creyendo que la política puede ser una herramienta de transformación. Y que la búsqueda de igualdad, justicia social y bienestar colectivo continúa siendo una de las grandes banderas de nuestro tiempo. En definitiva, una señal de que no todo está perdido.

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